Entrevistas

América Latina crea el futuro

Рубен Гали
Рубен Гали
Руководитель инициативы «Горизонты без границ»
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Rubén Galí es un culturólogo mexicano e investigador del futuro, especializado en prospectiva estratégica y análisis del impacto de la IA en la cultura latinoamericana. En la plataforma «Futureating» actúa como experto, impulsando el diálogo entre regiones y promoviendo la preservación de la identidad humana en la era de la automatización.

— Rubén, ¿cómo están transformando la explosión digital actual y la inteligencia artificial el «inconsciente colectivo» de América Latina?

Durante gran parte de la era moderna, América Latina ocupó una posición periférica en términos económicos y culturales. Las narrativas sobre el progreso y la identidad se creaban en otros lugares. Sin embargo, hoy la revolución digital y la IA están cambiando esta dinámica. Por primera vez, millones de personas en nuestra región tienen herramientas no solo para consumir significados, sino también para crearlos. Especialmente entre los jóvenes, esto está formando un pensamiento interconectado y abierto a la experimentación.

Al mismo tiempo, la IA empieza a definir cómo las sociedades piensan y entienden la realidad misma. Esto abre oportunidades colosales, pero conlleva riesgos de homogeneización algorítmica y dependencia informacional. Para mí, la cuestión principal es civilizatoria: ¿empujarán las tecnologías a la humanidad hacia la uniformidad cultural o hacia un auténtico pluralismo de civilizaciones capaces de diseñar juntas diferentes futuros posibles?

— ¿Qué lugar ocupa la ciencia ficción en las megalópolis latinoamericanas, y está naciendo una nueva «imagen del futuro» directamente en sus calles?

Aunque en mis trabajos a menudo menciono la Ciudad de México, en realidad vivo en Monterrey, al norte de México. La Ciudad de México se siente como un laberinto donde coexisten simultáneamente la memoria antigua, las estructuras coloniales y la hipermodernidad digital. Monterrey refleja otro rostro de la región: la aceleración industrial y el pragmatismo tecnológico.

En este contexto, la ciencia ficción surge de forma natural, pues la vida cotidiana misma recuerda a la prosa especulativa. En nuestras calles, uno se enfrenta constantemente a contradicciones entre la aceleración tecnológica y la fragilidad de la infraestructura, entre la IA y la desigualdad. Lo que más me interesa es que estas megalópolis comienzan a generar sus propias imágenes del futuro. No son meras copias de las utopías de Silicon Valley ni de las distopías occidentales, sino visiones más híbridas y humanas, moldeadas por la memoria histórica y la resiliencia cultural. La ciencia ficción en América Latina se percibe cada vez más como un lenguaje para interpretar el presente.

— ¿Cómo funciona la ciencia ficción como herramienta de prospectiva, y ayuda a los jóvenes a lidiar con la ansiedad ante un progreso impredecible?

 En América Latina, la ciencia ficción es cada vez más reconocida como una herramienta de imaginación estratégica. En sociedades marcadas por la inestabilidad, las narrativas especulativas permiten a las personas explorar mentalmente futuros posibles antes de que lleguen. Esto es especialmente importante para la generación joven, ya que los cambios tecnológicos avanzan más rápido que las estructuras psicológicas capaces de asimilarlos.

La ciencia ficción ayuda a desarrollar flexibilidad cognitiva frente a la incertidumbre. Fomenta pensar en términos de múltiples escenarios, convirtiéndose en una forma de preparación cultural y psicológica. Nuestras sociedades han desarrollado históricamente fuertes capacidades adaptativas. La gente está acostumbrada a orientarse en condiciones de inestabilidad, lo que se convierte en una ventaja en una época donde la resiliencia y la imaginación se valoran cada vez más. La cuestión central del pensamiento latinoamericano no es solo qué tecnologías surgirán, sino qué humanidad queremos preservar al adentrarnos en estas nuevas realidades.

— ¿Qué escenarios alternativos de futuro proponen los intelectuales latinoamericanos en contraste con las tecnodistopías occidentales, y qué significados aporta la región al diálogo global?

— Observamos una búsqueda de caminos hacia el futuro que van más allá tanto de las viejas promesas de la globalización como de las narrativas tecnodistópicas dominantes de Occidente. Cada vez más pensadores de la región exploran conceptos en los que la tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio de la cultura, la comunidad y la dignidad humana.

América Latina ha aprendido históricamente a vivir en condiciones de mezcla, contradicciones y adaptación constante. Nuestra región aporta al diálogo global una perspectiva profundamente pluralista. Por eso, muchas de nuestras visiones del futuro no dibujan una humanidad homogénea, sino un mundo multipolar donde diferentes civilizaciones puedan coexistir sin perder su identidad. Y en esto consiste la contribución de proyectos como «Voces de la Multipolaridad»: crear espacios donde el futuro pueda imaginarse a partir de múltiples experiencias históricas, y no desde una única narrativa global dominante.

— ¿Cómo integrar la literatura de ciencia ficción y los métodos de prospectiva en la educación contemporánea para enseñar a los jóvenes a pensar críticamente?

Nuestra época exige flexibilidad cognitiva: la capacidad de adaptarse, repensar la realidad y pensar más allá de los modelos establecidos. En este contexto, la ciencia ficción puede convertirse en una herramienta educativa estratégica. Permite a los jóvenes imaginar futuros posibles, anticipar riesgos y comprender que los cambios tecnológicos no son solo una amenaza, sino también un ámbito de responsabilidad humana.

En América Latina, donde la incertidumbre es parte de la vida cotidiana, estos métodos ayudan a transformar la ansiedad en pensamiento estratégico. En lugar de formar consumidores pasivos de tecnología, debemos formar personas capaces de plantear preguntas éticas y civilizatorias sobre el futuro que quieren construir. La prospectiva y la ciencia ficción enseñan lo principal: el futuro no está predeterminado. Se forma con los valores, las decisiones y la visión que las sociedades estén dispuestas a cultivar hoy.

— ¿En qué áreas concretas —literatura, filosofía o medios de comunicación— ve usted los puntos de encuentro más destacados entre Rusia y América Latina?

Los puntos de encuentro más fructíferos entre Rusia y América Latina surgen precisamente en aquellos ámbitos donde ambas culturas históricamente se han visto obligadas a pensar desde la periferia del poder global, enfrentándose a crisis y a una búsqueda incesante de identidad. En literatura, veo una sensibilidad compartida hacia las grandes cuestiones humanas: el destino histórico y la memoria colectiva. Desde Dostoievski hasta Borges, desde Bulgákov hasta García Márquez, se aprecia una preocupación común por explorar no solo la realidad visible, sino también las dimensiones simbólicas y psicológicas del ser. Ambas tradiciones entienden la literatura como una forma de búsqueda filosófica.

En filosofía, veo un acercamiento creciente en torno a la necesidad de diseñar modelos alternativos de futuro. Tanto Rusia como América Latina poseen tradiciones que cuestionan la homogeneización cultural y el reduccionismo tecnocrático. Me interesa especialmente el diálogo sobre cómo las sociedades pueden preservar la profundidad humana en la era de la automatización. En los estudios de medios, nuestras sociedades enfrentan preguntas similares sobre la soberanía cultural en medio de rápidos cambios tecnológicos. Aquí, la ciencia ficción y los estudios del futuro pueden convertirse en lenguajes comunes. Veo la posibilidad de construir un diálogo intelectual en el eje Sur-Este, capaz de ofrecer nuevas visiones del futuro de la humanidad basadas en la experiencia de quienes han aprendido a pensar en condiciones de incertidumbre.

— Si describiera la «Imagen del futuro» ideal de la humanidad con una metáfora o símbolo cultural impactante, ¿qué elegiría?

Describiría la Imagen del futuro ideal como un puente luminoso tendido entre civilizaciones. Puente, porque el futuro de la humanidad no puede construirse mediante el aislamiento, la fragmentación o el tribalismo tecnológico, sino solo a través del diálogo entre culturas, disciplinas y experiencias históricas. De luz, porque el conocimiento por sí solo no basta. El futuro también requiere conciencia, imaginación ética, memoria y la capacidad de iluminar lo que sigue siendo humano en medio de la aceleración tecnológica. Y tendido entre civilizaciones, porque el siglo XXI no pertenecerá a un único centro de poder ni a una sola narrativa cultural. Pertenecerá a quienes sean capaces de conectar mundos sin borrar sus diferencias.

La intervención de Rubén Galí en el «Diálogo Abierto» pueden leerla aquí.

Comentarios (1)

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  1. Футурис

    Интервью с Рубеном Гали интересно тем, что он чётко формулирует сдвиг: Латинская Америка больше не просто потребляет образы будущего с Запада, а начинает производить свои — более гибридные и человечные. Сильная мысль в том, что неопределённость, которую часто воспринимают как проблему, в регионе превратили в тренировку адаптивности и когнитивной гибкости. Польза разговора для читателя — смена оптики: вместо страха перед технологиями видишь инструмент для сохранения культурного многообразия и проектирования будущего под свои ценности, а не под чужой шаблон. В продолжение хотелось бы услышать, как эти идеи адаптации и многополярности можно применить именно в российской практике форсайта, которая тоже ищет баланс между технологическим рывком и сохранением идентичности.

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